Por Pablo fernandez
El mapa de las exportaciones argentinas durante el primer semestre de 2026 muestra una economía todavía fuertemente concentrada en los grandes complejos agroindustriales, energéticos, mineros e industriales, aunque también evidencia el crecimiento de actividades que, con una escala menor, realizan un aporte significativo a la generación de divisas.
Según el informe “Complejos exportadores. Resumen ejecutivo. Primer semestre de 2026”, elaborado por el INDEC y fechado el 26 de agosto, los diez principales complejos relevados reúnen una parte sustancial de las exportaciones nacionales.
En ese escenario, el complejo pesquero ocupó el noveno lugar, con exportaciones por US$ 1.252 millones, una participación del 2,5% y un crecimiento interanual del 17,4%.
La pesca quedó así por encima del complejo litífero, que registró US$ 1.126 millones, aunque todavía muy por detrás de los grandes protagonistas del comercio exterior argentino.
El primer lugar correspondió al complejo sojero, que alcanzó los US$ 9.082 millones y representó el 18,3% de las exportaciones consideradas, con un crecimiento del 5,7% respecto del primer semestre de 2025.
En segundo lugar se ubicó el complejo petróleo-petroquímico, con US$ 8.116 millones, una participación del 16,4% y un fuerte incremento interanual del 43,7%.
El complejo maicero ocupó el tercer puesto, con US$ 4.241 millones, mientras que el automotriz alcanzó los US$ 4.167 millones.
Más atrás aparecieron oro y plata, con US$ 3.504 millones; carne y cuero bovinos, con US$ 2.692 millones; triguero, con US$ 2.540 millones; y girasol, con US$ 2.075 millones.
Recién después de estos grandes complejos aparece la pesca.
Con US$ 1.252 millones, el complejo pesquero representó el 2,5% de las exportaciones del conjunto analizado y registró una mejora del 17,4% frente al primer semestre del año anterior.
El dato adquiere relevancia cuando se lo compara con el resto del ranking. La pesca superó al litio, que alcanzó los US$ 1.126 millones y mostró, además, el mayor crecimiento porcentual de los diez principales complejos: 186,3%.
La diferencia de escala respecto de los primeros lugares es considerable, pero la ubicación de la pesca demuestra que se encuentra dentro del grupo de actividades capaces de generar más de mil millones de dólares en exportaciones en apenas seis meses.
Para una economía que necesita ampliar y diversificar sus fuentes de divisas, ese volumen no es menor.
El informe permite observar hasta qué punto se encuentra concentrada la generación de divisas.
El complejo sojero, por sí solo, exportó más de siete veces lo generado por la pesca durante el mismo período. El sector petróleo-petroquímico también superó ampliamente al pesquero, mientras que los complejos maicero, automotriz, de oro y plata y de carne y cuero bovinos duplicaron o más que duplicaron su aporte.
Pero la fotografía también muestra que existen numerosos sectores por debajo de la pesca que realizan aportes relevantes y que, sumados, adquieren una dimensión considerable.
Entre ellos aparecen aluminio, cebada, lácteos, farmacéutico, maní, siderúrgico, forestal, uva y limón, entre otros.
El aluminio, por ejemplo, alcanzó los US$ 829 millones, mientras que la cebada aportó US$ 800 millones y el complejo lácteo US$ 746 millones.
Más allá del monto exportado, otro elemento que surge del informe es la disparidad en las tasas de crecimiento.
La pesca avanzó 17,4%, un desempeño positivo pero inferior al registrado por algunos de los complejos que aparecen en el mismo cuadro.
El petróleo-petroquímico creció 43,7%; oro y plata, 56,8%; carne y cuero bovinos, 36,3%; trigo, 39,5%; y girasol registró un extraordinario aumento del 128,7%.
El litio, con 186,3%, aparece como el caso más destacado en términos porcentuales.
También se observan fuertes incrementos en algunos complejos de menor volumen, como porotos, otros minerales metalíferos, plomo y miel.
Esto muestra que el crecimiento exportador argentino no depende de una sola actividad, sino de una combinación de sectores con diferentes escalas, mercados y posibilidades de expansión.
El informe también permite identificar sectores que enfrentaron dificultades durante el período.
Dentro de los principales complejos, el automotriz creció apenas 4,7%, mientras que otros sectores de menor tamaño registraron retrocesos.
En el listado complementario aparecen bajas en productos como el farmacéutico, maní, siderúrgico, peras y manzanas, azúcar, acero, avícola y cítricos, entre otros.
El comportamiento heterogéneo refleja que el desempeño exportador depende de múltiples factores: precios internacionales, demanda externa, producción disponible, costos internos, condiciones climáticas, competitividad y acceso a los mercados.
El cuadro de INDEC también incorpora una extensa lista de “otros complejos”, que en conjunto amplían considerablemente la fotografía del comercio exterior argentino.
Además de los sectores ya mencionados, aparecen actividades como textil, papa, miel, porotos, arroz, tabaco, sector hortícola, olivícola, equino, garbanzos, té y arándanos, entre otras.
El rubro denominado “resto de exportaciones” alcanzó los US$ 3.172 millones, con un crecimiento del 13,1%, demostrando que detrás de los grandes complejos existe una diversidad productiva mucho más amplia.
La posición de la pesca debe leerse, entonces, dentro de este escenario general.
Novena entre los diez principales complejos exportadores, con US$ 1.252 millones y un crecimiento del 17,4%, la actividad pesquera se encuentra por encima del litio y por delante de una extensa cantidad de sectores exportadores individuales.
No es el principal generador de divisas de la Argentina ni pretende competir en volumen con la soja o la energía. Su importancia reside en que constituye uno de los complejos capaces de generar una cantidad significativa de dólares y, además, tiene una característica particular: buena parte de su impacto económico se concentra en el litoral marítimo y en ciudades portuarias.
El valor de sus exportaciones se vincula con una cadena que incluye captura, procesamiento, almacenamiento, transporte, logística, actividad portuaria, construcción y reparación naval, provisión de combustible, servicios marítimos y empleo.
Por eso, el lugar que ocupa en el ranking también debería ser considerado al momento de definir políticas de competitividad.
La fotografía del primer semestre deja planteado un desafío para el conjunto de la economía argentina: no solamente exportar más, sino conseguir que más sectores puedan aumentar su participación en el comercio internacional.
En ese objetivo, la pesca tiene margen para crecer.
La posibilidad de incrementar el valor exportado no depende exclusivamente de aumentar los volúmenes de captura. También está relacionada con el agregado de valor, la incorporación de tecnología, la eficiencia de las plantas, la renovación de la flota, el desarrollo de nuevos productos y la apertura de mercados.
Para que ese proceso sea posible, la competitividad interna resulta determinante.
Costos portuarios, energía, combustible, logística, cargas tributarias, financiamiento, infraestructura y costos laborales forman parte de una ecuación que define la capacidad de una empresa argentina para competir con productores de otros países.
El debate, en definitiva, no debería plantearse como una cuestión de beneficios para un sector en particular.
Si el objetivo nacional es generar más dólares, aumentar las exportaciones, crear empleo y desarrollar las economías regionales, las políticas públicas deberían contemplar las particularidades de cada complejo productivo.
Para la pesca, esto implica encontrar un equilibrio entre control, sustentabilidad y competitividad. El Estado debe garantizar la protección del recurso y la investigación científica, pero también puede contribuir a generar condiciones que permitan producir más y con mayor valor agregado.
Una estructura impositiva y de costos que permita mayor inversión puede traducirse en más actividad económica, mayor utilización de los puertos, más empleo y un incremento de las exportaciones.
El informe del INDEC deja una conclusión general: Argentina continúa dependiendo en gran medida de un grupo reducido de grandes complejos para generar divisas, pero al mismo tiempo existe una amplia diversidad de actividades con capacidad de crecimiento.
La pesca forma parte de ese segundo grupo de sectores relevantes.
Con US$ 1.252 millones exportados en el primer semestre, ocupa el noveno puesto entre los diez principales complejos relevados, con una participación del 2,5% y un crecimiento del 17,4%.
La cifra no la convierte en protagonista absoluta del comercio exterior argentino, pero sí la coloca en una posición suficientemente importante como para que su evolución sea considerada dentro de cualquier estrategia nacional de crecimiento exportador.
El desafío para los próximos años será que la Argentina no solamente incremente las exportaciones de sus grandes complejos, sino que también consiga hacer crecer y agregar valor a sectores como la pesca, capaces de aportar divisas, empleo y actividad económica en distintas regiones del país.