A nueve años del Repunte: la memoria que transformó el dolor en cambios para toda la pesca argentina
El 17 de junio de 2017 el mar se llevó mucho más que un barco. El hundimiento del pesquero Repunte, frente a las costas de Chubut, dejó diez familias destrozadas, una comunidad marítima golpeada y una pregunta que aún hoy sigue resonando en cada puerto argentino: ¿cómo pudo ocurrir una tragedia que tantos consideran evitable?
Nueve años después, el dolor permanece intacto. Los nombres de los diez tripulantes siguen presentes en cada acto, en cada marcha y en cada reclamo de quienes aún esperan respuestas. Pero junto a esa ausencia también existe una historia de lucha colectiva que logró transformar una tragedia en un punto de inflexión para la seguridad de los trabajadores del mar.
El Repunte había zarpado desde Puerto Madryn rumbo a la pesca de langostino. Cuando emprendía el regreso, en medio de condiciones meteorológicas adversas, la embarcación sufrió una serie de eventos que terminaron en el naufragio. Dos tripulantes sobrevivieron, tres cuerpos fueron recuperados y siete marineros permanecen desaparecidos. La pérdida fue total. Años más tarde, la investigación técnica de la Junta de Seguridad en el Transporte determinó la existencia de múltiples factores vinculados a problemas de estabilidad, deficiencias estructurales y condiciones operativas que contribuyeron al desenlace.
Sin embargo, mientras las conclusiones técnicas avanzaban, la respuesta judicial siguió otro camino.
En marzo de este año, la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia confirmó el archivo de la causa y los sobreseimientos que ya habían sido dictados. Para los familiares fue un golpe devastador. Lo definieron como un «segundo hundimiento». Después de casi una década de espera, sienten que el Poder Judicial decidió cerrar el expediente sin que nadie respondiera por la muerte de los trabajadores.
La sensación de impunidad no es nueva. Desde los primeros días posteriores al naufragio, los familiares denunciaron irregularidades, reclamaron una investigación independiente y exigieron que la seguridad de los trabajadores marítimos fuera considerada una prioridad. Cuando la búsqueda fue suspendida meses después del accidente, lejos de resignarse, comenzaron una lucha que terminaría trascendiendo el caso Repunte.
Así nació el colectivo Ningún Hundimiento Más.
Lo que empezó como un grupo de familias devastadas por la pérdida se convirtió con el tiempo en uno de los movimientos más influyentes en materia de seguridad marítima de la Argentina. Sus integrantes recorrieron despachos oficiales, impulsaron proyectos legislativos, promovieron protocolos de asistencia para familiares de víctimas y reclamaron la creación de organismos independientes capaces de investigar accidentes sin interferencias.
Uno de los logros más importantes de esa lucha fue la creación y consolidación de la Junta de Seguridad en el Transporte, un organismo técnico e independiente destinado a investigar accidentes para prevenir nuevas tragedias. Incluso desde el propio Estado se reconoció que la perseverancia de los familiares del Repunte fue determinante para que esa herramienta institucional se pusiera en marcha.
Ese es quizás el legado más profundo de aquellos diez tripulantes.
Porque aunque la Justicia todavía no logró ofrecer las respuestas que sus seres queridos reclaman, la lucha de las familias consiguió instalar definitivamente la discusión sobre las condiciones de seguridad en la flota pesquera argentina. Logró que se hablara de inspecciones, estabilidad de los buques, protocolos de emergencia, capacitación de las tripulaciones e investigaciones independientes. Temas que durante años permanecieron invisibles para gran parte de la sociedad.
Nueve años después, la herida sigue abierta. Los familiares continúan reclamando verdad y justicia, incluso con la mirada puesta en instancias internacionales tras el cierre de la causa local. Pero también pueden mostrar que su lucha dejó una huella imborrable.
El Repunte se hundió en las aguas del Atlántico Sur. Su memoria, en cambio, sigue navegando.
Y cada avance conseguido en materia de seguridad para los trabajadores marítimos lleva, de alguna manera, el nombre de aquellos diez hombres que nunca regresaron a puerto.