La participación del intendente Guillermo Montenegro en una reunión del Consejo Federal Pesquero junto al gobernador de Chubut, Ignacio Torres, y el intendente de Rawson, Damián Biss, intenta mostrar una imagen de compromiso con una actividad que durante años estuvo ausente de sus prioridades de gestión. El encuentro fue presentado como un paso importante para fortalecer la industria pesquera y naval, pero en Mar del Plata muchos se preguntan dónde estuvo ese interés cuando el sector atravesó algunos de los momentos más difíciles de su historia reciente.
La pesca es uno de los principales motores económicos de la ciudad. Genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos, sostiene la actividad portuaria y alimenta a una extensa cadena productiva. Sin embargo, durante los sucesivos conflictos laborales, cierres de plantas, crisis de rentabilidad, reclamos gremiales y emergencias que golpearon al puerto marplatense, la presencia política de Montenegro fue prácticamente inexistente.
Mientras trabajadores, empresarios, gremios y familias enteras reclamaban respuestas ante la pérdida de empleo y la incertidumbre económica, el intendente eligió mantenerse al margen de los debates centrales que afectaban a uno de los sectores más importantes de la ciudad. Nunca encabezó una agenda propia para defender la actividad pesquera ante el Gobierno nacional ni impulsó iniciativas concretas para abordar los problemas estructurales que afectan al puerto.
Resulta llamativo que ahora Montenegro aparezca como un promotor de la competitividad pesquera y del desarrollo naval cuando durante años evitó involucrarse en los conflictos que golpearon a los trabajadores marplatenses. La foto junto a los mandatarios patagónicos busca proyectar una imagen de liderazgo regional, pero contrasta con una realidad que los actores del sector conocen de memoria: la falta de acompañamiento político cuando más se lo necesitaba.
La idea de construir una alianza estratégica entre Mar del Plata y Rawson puede ser positiva para el desarrollo de la actividad. Nadie discute la necesidad de cooperación entre los puertos argentinos. Lo que sí genera cuestionamientos es la utilización política de un sector que históricamente reclamó mayor presencia institucional y obtuvo, en cambio, indiferencia.
La recuperación de infraestructura naval en la Patagonia, la búsqueda de mayor agregado de valor y las estrategias para fortalecer la industria son objetivos compartidos por toda la cadena pesquera. Pero para hablar de desarrollo productivo también es necesario recordar quiénes estuvieron presentes en los momentos difíciles y quiénes aparecieron solamente cuando la agenda ofrecía una oportunidad para la fotografía.
Los trabajadores portuarios, los marineros, estibadores, fileteros y empresarios pyme de Mar del Plata conocen bien la diferencia entre acompañar una actividad y posar junto a ella. Por eso, la repentina cercanía de Montenegro con la pesca genera más interrogantes que entusiasmo. Después de años de darle la espalda a los conflictos del sector, el intendente parece haber descubierto la importancia del puerto justo cuando la escena política le ofrece una nueva vidriera.
La pesca marplatense no necesita gestos ocasionales ni recorridas protocolares. Necesita dirigentes comprometidos de manera permanente con sus problemas, capaces de defender el trabajo local cuando la actividad atraviesa crisis. Y en ese balance, para muchos protagonistas del puerto, Montenegro llega varios años tarde.