Tato Cereseto puso el foco en Malvinas y reavivó el debate sobre la explotación pesquera en el Atlántico Sur

El reciente viaje del empresario pesquero Raúl “Tato” Cereseto a las Islas Malvinas volvió a instalar en la agenda un tema tan sensible como estratégico para la Argentina: la explotación de los recursos pesqueros en el Atlántico Sur y el avance económico del esquema montado por los isleños alrededor de la pesca.


jueves, 14 mayo de 2026

La visita, realizada entre el 11 y el 18 de abril en el marco de una investigación impulsada por la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP), tuvo como objetivo relevar información de primera mano sobre el funcionamiento de la industria pesquera en las islas, su estructura económica, el sistema de licencias y el impacto que genera sobre el ecosistema regional y sobre la propia actividad pesquera argentina.

El empresario chubutense, conocido por idear el Foro PescAR, la producción audiovisual “Captura Salvaje” y su permanente intervención en debates vinculados al sector marítimo, mantuvo reuniones con autoridades isleñas y actores vinculados a la industria pesquera local para comprender cómo opera el esquema económico que hoy sostiene gran parte de la economía malvinense.

“Malvinas vive del mar”

Tras su regreso, Cereseto trazó un diagnóstico contundente sobre el escenario que encontró en las islas. Según explicó, la pesca ya representa entre el 65% y el 75% de la economía malvinense y genera ingresos cercanos a los mil millones de dólares anuales a partir de la explotación de especies migratorias que forman parte del ecosistema del Mar Argentino.

“Mientras Argentina discute la soberanía en los mapas, en Malvinas avanzaron con una ocupación efectiva del mar”, señaló el empresario en declaraciones reproducidas por distintos medios especializados.

Uno de los puntos centrales de la investigación fue el sistema de licencias pesqueras implementado por el gobierno isleño. De acuerdo al relevamiento de FULASP, las autorizaciones para operar en aguas circundantes generan por sí solas una recaudación anual cercana a las 39 millones de libras esterlinas.

Para Cereseto, el verdadero problema no se limita únicamente a la cuestión diplomática o territorial, sino al aprovechamiento económico permanente de recursos naturales que históricamente forman parte del interés estratégico argentino.

Un modelo extractivo y sin agregado de valor

Otro aspecto que el empresario puso bajo análisis es el modelo pesquero aplicado en las islas. Según describió, la mayor parte de la actividad se basa en un esquema puramente extractivo, sin desarrollo industrial local ni agregado de valor significativo.

“Se vende la cuota, los barcos pescan y el recurso se va. No existe una industria transformadora como la que tiene Argentina”, sostuvo durante sus exposiciones posteriores al viaje.

El informe también advierte sobre el impacto ambiental que podría generar la sobreexplotación de especies migratorias como el calamar Illex, la merluza, la polaca o el bacalao de profundidad, recursos cuya dinámica biológica trasciende cualquier delimitación política y afecta directamente a todo el Atlántico Sur.

Según trascendió, una de las señales que más preocupación genera dentro de la industria es la caída de biomasa registrada en algunas especies, al punto que en temporadas recientes debieron suspenderse campañas de pesca de calamar Loligo por falta de recurso disponible.

Soberanía, economía y pesca

La mirada de Cereseto no quedó únicamente centrada en el diagnóstico económico. El empresario planteó además la necesidad de revisar la estrategia marítima argentina y avanzar hacia una política de mayor presencia efectiva sobre los recursos del mar.

“No hay mayor acto de soberanía que el uso efectivo del recurso. Y hoy el uso lo están haciendo otros”, afirmó.

La postura generó repercusión dentro del ámbito pesquero porque se produce en un momento de fuerte crisis de competitividad para la flota nacional, atravesada por altos costos operativos, presión fiscal, caída de precios internacionales y conflictos vinculados a la actividad extractiva en la milla 201.

Precisamente, Cereseto viene sosteniendo desde hace meses una agenda pública vinculada a la defensa de la actividad pesquera argentina, reclamando medidas para mejorar la competitividad del sector y alertando sobre el crecimiento de sistemas pesqueros extranjeros que compiten sobre las mismas especies.

El mar como eje estratégico

El viaje a Malvinas terminó consolidando un mensaje que el empresario viene reiterando en distintos foros del sector: la necesidad de que Argentina vuelva a mirar al mar como un activo estratégico de desarrollo económico, geopolítico y alimentario.

“Tenemos que decidir si queremos seguir mirando el mar o empezar a vivir del mar”, resumió tras la recorrida.

Desde FULASP adelantaron además que impulsarán presentaciones ante organismos nacionales e internacionales vinculadas al impacto ecológico y económico de la explotación pesquera en Malvinas, incluyendo gestiones ante Cancillería, el MERCOSUR y organismos ambientales.

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