Rawson encara el final de la zafra de langostino entre volumen relevante y reacomodamientos comerciales


lunes, 2 febrero de 2026

Por Pablo fernandez

La temporada onshore de langostino en el puerto de Rawson comienza a mostrar, hacia el cierre de enero, señales claras de que la campaña 2025–2026 ingresó en su fase final. Con un volumen acumulado que ronda casi ls 70.000 toneladas descargadas a fines de enero, la zafra continúa siendo relevante en términos productivos y sostiene la actividad de las plantas radicadas en Chubut, aunque el pulso del negocio ya no responde a la lógica expansiva del arranque.

En el sector se multiplican las lecturas propias del tramo de cierre: mayor dispersión en la disponibilidad de tallas, mareas más irregulares, tiempos de pesca extendidos y un mercado externo que dejó de absorber con la voracidad inicial. En la comercialización en planta, el escenario también se reordenó. Fue Newsan quien terminó fijando referencias de precios y modalidades de pago, mientras que operadores de menor escala comenzaron a estirar plazos, reintroduciendo un grado de incertidumbre en los cobros que impacta directamente en la cadena extractiva.

Si se compara con el ciclo anterior, el volumen actual queda por debajo de la campaña 2024–2025, que cerró febrero con un récord histórico de 106.000 toneladas. Esa brecha, lejos de desmerecer la temporada en curso, permite dimensionar con mayor precisión el momento que atraviesa la pesquería: una campaña significativa, pero ya claramente instalada en la lógica de administración del final. Con febrero en curso y una expectativa de cierre hacia fines de mes —según la percepción de biomasa que reportan las mareas—, la discusión dejó atrás el “despegue” y se centra ahora en la continuidad ordenada de las descargas, la planificación industrial y la evolución del frente comercial.

En el plano operativo, armadores y tripulaciones describen una dinámica más errática que en años anteriores. En varias salidas, completar bodega demanda más tiempo y no se descartan regresos con carga parcial, una situación habitual cuando la pesquería avanza y la concentración del recurso pierde regularidad. Para el puerto y la industria, ese comportamiento obliga a recalibrar semana a semana la logística: turnos, cámaras de frío, ritmos de descarga y abastecimiento de materia prima.

Desde el mercado, el dato dominante es el reacomodamiento final de precios. Tras un inicio con valores firmes —impulsados por una oferta inicial más ajustada y un interés comprador sostenido—, las cotizaciones comenzaron a ceder a medida que el flujo de producto se normalizó y Europa incorporó mayor volumen. Aun así, las referencias actuales se mantienen por encima de los mínimos observados durante 2025, lo que sigue otorgando margen de incentivo al segmento procesador.

En tierra, las plantas continúan operando a buen ritmo. La demanda de langostino sigue activa, en un contexto donde los valores finales de exportación mejoraron respecto de campañas anteriores. La prioridad industrial pasa hoy por sostener regularidad en el ingreso de materia prima, asegurar continuidad productiva y cumplir compromisos comerciales, con especial atención en la calidad y homogeneidad del producto que entra a línea. En términos generales, el sistema comercial muestra signos de mayor saneamiento tras las distorsiones de años previos, con mayor previsibilidad cuando los compradores en boca de bodega son empresas consolidadas y de trayectoria.

Sin embargo, el tramo final de la zafra también vuelve a dejar expuestas falencias estructurales que se repiten campaña tras campaña. En el plano administrativo, persisten déficits evidentes en control y fiscalización. A lo largo de la temporada no se respetaron horarios de pesca ni se aplicó un esquema de control efectivo acompañado por un régimen sancionatorio consistente, afectando la equidad frente a otros segmentos de la flota que sí operan bajo reglas verificables.

Algo similar ocurrió con el control del peso de los cajones, que en la práctica fue inexistente, salvo intervenciones aisladas más orientadas al impacto comunicacional que a garantizar trazabilidad y cumplimiento estricto de la normativa. Las consecuencias trascienden el ámbito pesquero y alcanzan incluso al sistema tributario: lo que no se declara termina alimentando circuitos paralelos, fuera de los registros formales y al margen de la gravitación impositiva.

Si la proyección de cierre hacia fines de febrero se confirma, las próximas semanas serán clave para completar el balance definitivo de la temporada 2025–2026 y ubicarla en perspectiva histórica. En Rawson ya se percibe clima de final de zafra: algo menos de langostino, tallas más chicas y un contexto operativo exigente. Fue una temporada compleja, atravesada por mal tiempo y un mercado que pasó de firme a más pesado, dejando, una vez más, preguntas abiertas sobre el ordenamiento y los controles en la pesquería.

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