Impulso exportador con matices: la pesca superó los USD 670 millones en el primer trimestre, traccionada por el calamar
El crecimiento en volumen y divisas consolida un inicio de año expansivo para el sector, con fuerte protagonismo del segmento congelador. Sin embargo, la heterogeneidad de la actividad deja en evidencia realidades dispares entre flotas y modelos productivos.
La actividad pesquera argentina transitó un primer trimestre de 2026 con números en alza y una marcada capacidad de generación de divisas. Según el último informe oficial de coyuntura, las exportaciones alcanzaron las 192.980 toneladas por un total de 667,8 millones de dólares, lo que representa incrementos interanuales del 44,2% en volumen y del 47,2% en valor.
El dato encuentra su principal explicación en el desempeño de la zafra de calamar (Illex argentinus), que volvió a posicionarse como el motor del complejo pesquero. Solo en el rubro moluscos, las ventas externas acumularon 113.533 toneladas por 308 millones de dólares, con subas superiores al 67% tanto en volumen como en divisas frente a igual período de 2025.
El impacto de esta especie no solo se refleja en el comercio exterior, sino también en la dinámica productiva. Al 31 de marzo, los desembarques totales alcanzaron las 302.415 toneladas, un 30,6% más que el año anterior. En ese esquema, la flota potera concentró gran parte del crecimiento, consolidando su peso dentro de la estructura extractiva.
Marzo, en particular, mostró un salto significativo: se exportaron 84.182 toneladas por unos 272 millones de dólares, duplicando prácticamente los registros del mismo mes del año pasado. Este comportamiento reafirma el rol del segmento congelador, que logró capitalizar volumen y demanda en los principales mercados internacionales.
En ese mapa, China se mantiene como el principal destino de las exportaciones argentinas, concentrando más del 40% de las divisas, seguida por España y, en menor medida, países asiáticos como Tailandia. La inserción externa continúa así fuertemente ligada a la colocación de calamar, lo que también plantea interrogantes sobre la dependencia de un recurso específico.
Más allá del liderazgo del calamar, otras especies mostraron señales positivas. La merluza común (Merluccius hubbsi) registró exportaciones por 26.352 toneladas y 67,6 millones de dólares en el trimestre, con mejoras superiores al 30%. En tanto, el langostino (Pleoticus muelleri) aportó 249,4 millones de dólares, con un crecimiento del 46% en divisas, consolidándose como otro pilar clave del negocio exportador.
Sin embargo, detrás de los indicadores globales favorables, la actividad exhibe un entramado heterogéneo. Las diferencias entre flotas, costos operativos, distancias de pesca y modelos de procesamiento —a bordo o en tierra— configuran realidades económicas muy distintas dentro del mismo sector.
Mientras el segmento congelador logra capturar mejores precios y sostener niveles de rentabilidad asociados a la exportación directa, otros actores, especialmente vinculados a la flota fresquera y a la industria en tierra, enfrentan mayores dificultades en un contexto de costos crecientes, presión fiscal e inflación en dólares.
En este escenario, la balanza comercial pesquera volvió a cerrar con un saldo ampliamente positivo: 597 millones de dólares en el acumulado al primer trimestre, con una mejora superior al 50% respecto de 2025. El dato confirma la relevancia estratégica del sector como generador de divisas para la economía nacional.
No obstante, el desafío hacia adelante no se limita al crecimiento en volumen. La evolución del negocio pesquero estará condicionada por la capacidad de mejorar la trazabilidad, sostener mercados, diversificar la oferta y, sobre todo, equilibrar las asimetrías internas que hoy atraviesan a la actividad.
El inicio de 2026 deja, así, una señal clara: la pesca argentina muestra fortaleza en sus números agregados, pero también expone tensiones estructurales que obligan a una lectura más profunda que la simple expansión estadística.