Fabián Esteban Alcoba tenía 36 años, era oriundo de Goya, Corrientes, y se desempeñaba como primer oficial de cubierta. Había manifestado durante la noche que no se encontraba bien y que quería desembarcar. Se había previsto una escala en Camarones, pero horas después fue encontrado sin vida a bordo en la situacion de una posible muerte autoinfligida . Prefectura intervino y la Justicia investiga las circunstancias del fallecimiento.
La comunidad marítima y pesquera vuelve a enfrentarse a una de esas noticias que ningún puerto quiere recibir.
Fabián Esteban Alcoba, primer oficial de cubierta del BP Argenova IV, falleció durante la madrugada del miércoles 9 de septiembre mientras el buque navegaba frente a las costas de Chubut, en viaje hacia Puerto Deseado. Tenía 36 años y era oriundo de Goya, Corrientes.
El hecho fue comunicado a la Prefectura Naval Argentina, que tomó intervención tras recibir el aviso desde la embarcación. La Justicia deberá ahora determinar con precisión qué ocurrió durante las horas previas al fallecimiento y establecer las causas de la muerte.
De acuerdo con la información reunida a partir de fuentes vinculadas al procedimiento, durante la noche Alcoba habría manifestado que atravesaba un malestar y expresó su intención de desembarcar.
Ante esa situación, el capitán habría comunicado la novedad y se habría coordinado con la empresa una escala en Camarones, con el objetivo de permitir el desembarco del trabajador y su atención en tierra.
La decisión de dirigirse hacia esa zona había sido adoptada precisamente por la situación que atravesaba el oficial. La coordinación con la empresa se habría realizado durante la noche, mientras el pesquero continuaba su navegación.
Pero durante la madrugada la situación cambió dramáticamente.
El capitán fue alertado por un integrante de la tripulación y se inició una búsqueda dentro de la embarcación. Finalmente, Alcoba fue encontrado sin vida.
Ante el fallecimiento, la escala prevista en Camarones quedó sin efecto y el Argenova IV continuó navegación hacia Puerto Deseado, llevando a bordo el cuerpo del trabajador.
El buque tenía previsto arribar durante la madrugada de este jueves al puerto santacruceño, donde continuarían las actuaciones correspondientes.
Hablar de salud mental en el ámbito marítimo dejó de ser una cuestión secundaria. En lo que va del año, fueron demasiadas las vidas de trabajadores del mar que se perdieron, algunas en accidentes y maniobras propias de una actividad de alto riesgo y otras en circunstancias que todavía deben ser esclarecidas.
El desarraigo, las largas permanencias lejos de la familia, el aislamiento, la presión laboral, el cansancio y la acumulación de estrés pueden formar parte de una realidad que muchas veces permanece invisible cuando un trabajador sube a un buque.
No corresponde establecer que esos factores fueron determinantes en una muerte sin que existan conclusiones médicas y judiciales. Pero sí corresponde hacerse una pregunta: ¿cuánto se está haciendo para detectar y atender a tiempo a un trabajador marítimo que no está bien?
La seguridad a bordo no debería limitarse a evitar accidentes. También implica cuidar la salud integral de quienes pasan semanas o meses lejos de sus hogares, sometidos a exigencias físicas y emocionales que difícilmente puedan compararse con otros trabajos.
Pedir ayuda no puede ser visto como una debilidad. Y detectar a tiempo que un compañero está atravesando una situación límite puede significar salvar una vida.
La actividad marítima necesita canales de asistencia psicológica accesibles, confidenciales y permanentes; capacitación para detectar señales de alarma y, fundamentalmente, una cultura laboral en la que decir “no estoy bien” no implique miedo, vergüenza ni consecuencias.
Porque detrás de cada tripulante hay una familia esperando su regreso.
Cuidar la vida en el mar también significa cuidar la mente de quienes lo navegan.
La Prefectura Naval Argentina intervino desde los primeros momentos y las actuaciones quedaron a disposición de la Justicia.
La intervención posterior de la autoridad marítima de Puerto Deseado permitirá avanzar con las medidas ordenadas por el Ministerio Público Fiscal y reunir los elementos necesarios para reconstruir lo ocurrido a bordo.
La autopsia y las pericias serán fundamentales para determinar la causa concreta del fallecimiento.
En este contexto, cualquier versión sobre las circunstancias de la muerte debe ser tomada con prudencia hasta que existan conclusiones oficiales. La investigación deberá establecer qué ocurrió durante las horas previas y si existió alguna situación que pueda haber incidido en el desenlace.
Por tratarse de un caso particularmente sensible, Deproa considera necesario abordar la información con responsabilidad, evitando difundir detalles innecesarios que puedan afectar aún más a la familia y a los compañeros de Alcoba.
Desde Argenova confirmaron el fallecimiento del trabajador y señalaron que se puso en marcha una investigación interna para establecer qué ocurrió a bordo.
Personal de la empresa se habría trasladado hacia Puerto Deseado para participar de las actuaciones correspondientes y ponerse a disposición de los familiares.
El arribo del Argenova IV al puerto santacruceño marcará una nueva etapa de las diligencias, ya con el buque en tierra y con la posibilidad de que las autoridades avancen con las pericias y declaraciones correspondientes.
Cada vez que un trabajador del mar pierde la vida, la noticia no termina en el muelle.
Hay una familia que espera, un hogar que queda vacío, compañeros que deberán volver a embarcarse con la ausencia de uno de los suyos y una comunidad portuaria que vuelve a preguntarse cuánto más debe ocurrir para que determinados problemas sean tratados con la importancia que merecen.
Alcoba tenía 36 años.
Había salido a trabajar y su regreso estaba previsto como el de cualquier otro tripulante. Sin embargo, su familia recibirá ahora una noticia que ningún ser querido debería escuchar.
La investigación tendrá que determinar las circunstancias exactas de su muerte y establecer todas las responsabilidades que eventualmente correspondan.
Pero también sería un error que el caso terminara únicamente en un expediente.
Cada tragedia a bordo debería dejar una enseñanza.
Y entre esas enseñanzas debe estar la necesidad de hablar de salud mental, de prevención, de acompañamiento y de condiciones laborales que contemplen al trabajador marítimo no solamente como una pieza indispensable de la operación de un buque, sino como lo que realmente es: una persona que tiene una familia, una historia y una vida que proteger.
Desde Deproa, expresamos nuestras condolencias a los familiares, amigos y compañeros de Fabián Esteban Alcoba.
Acompañamos especialmente a quienes hoy atraviesan este dolor y aguardamos que la investigación permita conocer con claridad qué ocurrió a bordo del Argenova IV.
Que Fabián sea recordado no solamente por la tragedia de su partida, sino también como un trabajador del mar cuya vida debe servir para insistir en algo fundamental: en la pesca, la seguridad también significa cuidar a quienes navegan.