“Malvinas también es el mar”: la pesca reclama a Milei la misma firmeza frente al petróleo y los recursos pesqueros


miércoles, 9 septiembre de 2026

La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera respaldó el endurecimiento de la posición argentina frente a la explotación británica de los recursos de las Islas Malvinas, pero reclamó que la estrategia oficial no quede limitada al petróleo. Advierten que mientras el proyecto hidrocarburífero Sea Lion apunta a una explotación futura, la pesca bajo licencias británicas lleva décadas extrayendo recursos del Atlántico Sur.

La nueva ofensiva del Gobierno argentino en defensa de los recursos naturales vinculados a las Islas Malvinas abrió un nuevo frente de reclamo desde el sector pesquero. La Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP) respaldó la posición adoptada por la administración de Javier Milei frente a la explotación británica de hidrocarburos, pero planteó que el mismo criterio debe extenderse a la actividad pesquera.

El planteo cobra especial relevancia en momentos en que el proyecto petrolero Sea Lion, ubicado al norte del archipiélago, vuelve a ocupar un lugar central en la discusión sobre la explotación de recursos naturales en las islas.

Para FULASP, limitar la estrategia argentina a los hidrocarburos implicaría dejar fuera una actividad que desde hace décadas genera ingresos y sostiene buena parte de la economía de las Islas Malvinas: la explotación comercial de los recursos pesqueros.

“El petróleo está debajo del mar y los peces están dentro del mar. Los dos son recursos naturales y forman parte de una misma discusión de soberanía”, sostuvo el presidente de la Fundación, Raúl Cereseto, al fundamentar el reclamo.

Presidente de la Fundación, Raúl Cereseto

El contraste entre el petróleo de mañana y la pesca de hoy

Uno de los principales argumentos planteados por la entidad apunta precisamente a la diferencia entre ambas actividades. Mientras el desarrollo petrolero aparece como una posibilidad de explotación hacia el futuro, la actividad pesquera bajo licencias británicas constituye desde hace años una explotación concreta y sostenida de los recursos del Atlántico Sur.

De acuerdo con un relevamiento citado por FULASP, durante 2024 las capturas alcanzaron las 261.903 toneladas en aguas bajo administración británica. De ese volumen, 146.689 toneladas correspondieron al calamar Illex argentinus, una de las especies de mayor valor comercial y estratégico para toda la región pesquera del Atlántico Sur.

La dimensión económica de esa actividad tampoco es menor. Según la Fundación, el esquema de licencias pesqueras genera alrededor de 39 millones de libras esterlinas anuales, convirtiendo a la pesca en uno de los principales pilares económicos de las islas.

“El planteo no es restarle importancia al petróleo”, explicó Cereseto. “No estamos diciendo que el petróleo no sea importante. Todo lo contrario. Lo que planteamos es que no podemos defender con enorme firmeza el recurso que podría extraerse mañana y relegar el que se está extrayendo hoy”.

La frase resume el núcleo del reclamo: que la defensa de los recursos naturales argentinos frente a la explotación unilateral británica contemple no sólo los hidrocarburos, sino también las pesquerías que ya están siendo aprovechadas comercialmente.

Más de un centenar de buques durante la temporada

La Fundación también puso el foco en la dimensión operativa de la actividad pesquera vinculada a las licencias británicas.

Según los datos difundidos por la entidad, durante una temporada normal operan entre 100 y 120 buques con licencia activa. En los períodos de mayor concentración, especialmente durante la temporada de calamar, esa cifra puede superar las 130 embarcaciones simultáneamente.

Para FULASP, el volumen de operaciones permite dimensionar el peso que tiene la pesca dentro de la economía de las islas y, al mismo tiempo, la importancia estratégica que posee el recurso para la región.

Pero además existe una particularidad que, según Cereseto, obliga a incorporar una mirada diferente a la discusión: los recursos pesqueros son migratorios.

Merluza común, calamar Illex, polaca, merluza de cola y bacalao de profundidad forman parte de poblaciones que utilizan un ecosistema regional que no responde a fronteras políticas ni administrativas.

“Los peces no entienden de líneas dibujadas sobre un mapa”, señaló el titular de FULASP. “Estamos hablando de poblaciones que nacen, crecen, se alimentan, se reproducen y migran a través de un mismo ecosistema”.

Ese argumento ubica a la actividad pesquera en una discusión que excede estrictamente la cuestión comercial y se conecta directamente con la soberanía, la conservación de los recursos y el manejo del ecosistema del Atlántico Sur.

El mensaje de la pesca al Gobierno

El reclamo aparece además en un contexto en el que el Gobierno argentino viene reforzando su discurso de tolerancia cero frente a la pesca ilegal dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE).

Durante 2026, la Argentina sancionó a cinco buques extranjeros por infracciones relacionadas con operaciones pesqueras dentro de aguas nacionales. Para FULASP, esas actuaciones demuestran que el país dispone de herramientas jurídicas, tecnológicas y operativas para controlar sus espacios marítimos y defender los recursos.

Desde esa perspectiva, la Fundación considera que esas capacidades también deberían formar parte de una estrategia más amplia frente a la explotación de recursos vinculados con Malvinas.

El planteo incluye la posibilidad de analizar nuevas herramientas diplomáticas, jurídicas y comerciales frente a actividades que involucren recursos migratorios considerados estratégicos para la Argentina.

“No pedimos cambiar la dirección de la política argentina; pedimos ampliarla”, sostuvo Cereseto.

La propuesta apunta a que Malvinas sea abordada desde una perspectiva integral que contemple simultáneamente la soberanía, los recursos naturales, el ambiente y la producción.

Una mirada desde el mar y la producción

La discusión adquiere una particular dimensión para la Argentina pesquera. En ciudades portuarias como Mar del Plata, donde la actividad extractiva, industrial y exportadora tiene un fuerte impacto económico, cualquier debate sobre los recursos del Atlántico Sur tiene una dimensión productiva directa.

En ese contexto, organismos científicos como el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) cumplen un papel central en el conocimiento y seguimiento de las especies que integran ese ecosistema.

Para la Fundación, incorporar la pesca a la agenda de Malvinas permitiría además trasladar al plano político una realidad biológica: los recursos del mar se desplazan, atraviesan distintas áreas y dependen de un mismo sistema ecológico.

La cuestión, por lo tanto, no se limitaría a quién extrae un determinado recurso, sino también a cómo se administra, conserva y protege un ecosistema compartido por poblaciones de especies migratorias.

“Malvinas también es el mar”

Con ese enfoque, FULASP busca instalar un reclamo concreto dentro de la nueva agenda oficial sobre Malvinas: que la firmeza argentina frente a la explotación petrolera británica tenga su correlato en la defensa de los recursos pesqueros.

Malvinas también es el mar”, afirmó Cereseto.

Y completó: “Argentina está demostrando dentro de su Zona Económica Exclusiva que puede detectar y sancionar a quienes vulneran nuestras leyes pesqueras. Ahora tenemos una oportunidad histórica para dar un paso más: que la misma firmeza con la que defendemos el petróleo alcance también a los peces”.

El planteo abre así una nueva discusión sobre la estrategia argentina en el Atlántico Sur: no sólo qué hacer frente a una eventual explotación petrolera, sino también cómo responder a una actividad pesquera que, según la entidad, ya genera desde hace décadas un importante movimiento económico sobre recursos que considera estratégicos para la Argentina.

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