Buques fresqueros de altura: la ecuación salarial que deja a los marineros entre los peores pagos del sector”

“Los números de la pesca que nadie muestra: un marinero cobra menos por hora que un peón de planta en tierra”


miércoles, 13 mayo de 2026

Mientras gran parte de los medios de comunicación centra la discusión de las paritarias pesqueras únicamente en las posiciones de los sindicatos marítimos y las cámaras armadoras, detrás del conflicto emerge una realidad que pocas veces se expone con crudeza: cuánto gana verdaderamente un marinero de la flota fresquera de altura que va a Merluza por cada hora efectiva de trabajo y disponibilidad en altamar.

La actividad fresquera de pesca de altura en Argentina opera actualmente con buques de distintas capacidades de bodega, desde embarcaciones de 2.000 hasta 8.000 cajones. En gran parte de los barcos menores a 4.000 cajones, los salarios se encuentran atados al sistema “a cajón”, aunque existen excepciones como el Galemar y a otros buques  que trabajan bajo convenio.

Las mareas pueden extenderse entre siete y quince días, dependiendo de la captura obtenida durante el viaje. Y es allí donde aparece una diferencia sustancial respecto de otros trabajadores de la cadena pesquera: el marinero vive sobre su puesto laboral durante toda la navegación.

No existe una jornada de ocho horas. El tripulante permanece a disposición permanente del capitán, ya sea por maniobras, tareas de pesca, guardias, problemas mecánicos o contingencias climáticas. La disponibilidad es total durante las 24 horas del día.

Tomando como referencia una marea promedio de diez días, un marinero puede percibir alrededor de 1.400.000 pesos netos por viaje.

Si esa cifra se divide por las 240 horas que implica permanecer embarcado durante diez días continuos, la ecuación expone una realidad que dentro del sector comienza a generar cada vez más preocupación.

El resultado arroja que un marinero de la flota fresquera de altura termina cobrando alrededor de 5.800 a 6.000 pesos por hora de navegación y disponibilidad laboral.

La comparación con otros sectores de la propia industria pesquera deja aún más expuesta la diferencia salarial.

En una planta procesadora pyme de pescado, un peón puede realizar en un mes considerado “bueno” alrededor de 128 horas laborales y alcanzar ingresos cercanos a los 2.800.000 pesos mensuales. Aclarando que es uno de los convenios mejores pagos del sector para trabajadores de plantas de pescado en tierra.

La ecuación resulta contundente:

Esto significa que un trabajador de planta puede superar ampliamente los 21.000 pesos por hora trabajada, dejando en evidencia la enorme brecha existente respecto del personal embarcado.

Incluso dentro del sector cooperativo pesquero, donde históricamente las condiciones salariales suelen ser más bajas y variables, trabajadores de plantas de pescado perciben actualmente alrededor de 8 y 10.000 pesos por hora, una cifra que igualmente continúa muy por encima de los valores que hoy reciben los marineros fresqueros por cada hora de navegación.

Desde el sector reconocen que los salarios marítimos históricamente se rigen bajo convenios y modalidades completamente diferentes a las actividades en tierra. Sin embargo, la comparación por valor hora permite visualizar con claridad una situación que muchos trabajadores vienen denunciando desde hace tiempo: hoy los marineros aparecen como uno de los sectores peor remunerados de toda la cadena pesquera cuando se analiza la cantidad real de horas de disponibilidad y trabajo que exige la navegación.

A esta compleja realidad salarial se suma además una situación que dentro del sector marítimo es conocida desde hace años: la existencia de ingresos extras no remunerativos, comúnmente denominados “contraviaje” o “propina”, que en muchos casos funcionan como un complemento informal del salario de los tripulantes.

Sin embargo, esos valores no forman parte del sueldo básico ni representan un ingreso garantizado para el marinero. Según reconocen trabajadores del sector, estos adicionales suelen quedar sujetos exclusivamente a la decisión de la empresa armadora y, muchas veces, dependen de que no exista ningún tipo de conflicto, reclamo o malestar entre la tripulación y la patronal.

En la práctica, los marineros sostienen que esos montos pueden ser retirados o reducidos de manera unilateral, por lo que terminan siendo considerados un ingreso incierto y variable, sin garantías de continuidad entre una marea y otra.

Por ese motivo, dentro de la discusión salarial muchos tripulantes remarcan que esos adicionales “en negro” no deberían tomarse como parte real del salario, ya que no cuentan con aportes, no impactan sobre jubilaciones ni indemnizaciones y tampoco existe certeza de percibirlos en todos los viajes.

La situación vuelve a poner sobre la mesa una problemática histórica de la actividad pesquera: la dependencia de mecanismos informales para complementar ingresos en un contexto donde, según afirman trabajadores del sector, el salario genuino del marinero quedó cada vez más relegado frente a otras actividades de la propia industria.

La discusión no pasa únicamente por el monto final de una marea, sino por la relación entre ingresos, tiempo efectivo embarcado y nivel de exigencia física y operativa. El marinero afronta extensas jornadas sin descanso real, exposición permanente a riesgos climáticos y laborales, además del desgaste que implica permanecer días lejos de sus familias en condiciones muchas veces extremas.

En medio de una crisis que golpea tanto a empresas como a trabajadores por el aumento de costos, combustibles e insumos, la realidad salarial de los tripulantes fresqueros comienza a quedar bajo la lupa. Y los números muestran que detrás de cada conflicto paritario existe una problemática estructural mucho más profunda de lo que reflejan los comunicados oficiales.

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