por Pablo Fernandez
Las exportaciones crecieron 32% y alcanzaron los USD 867 millones en apenas cuatro meses. Sin embargo, detrás de los números que celebró el ministro de Economía, persiste una realidad incómoda: una industria que genera divisas estratégicas para el país denuncia falta de competitividad, presión impositiva, costos crecientes y escasa atención de un gobierno que sigue mirando más al mercado financiero que al mar argentino.
El ministro de Economía, Luis Caputo, utilizó sus redes sociales para destacar que las exportaciones del sector pesquero alcanzaron los USD 867 millones durante el primer cuatrimestre de 2026, con un crecimiento interanual del 32% en valor y del 28% en volumen respecto del mismo período de 2025. Según los datos oficiales, los principales mercados fueron Estados Unidos, China, España y Brasil, mientras que los mayores incrementos se registraron en pescado fresco o refrigerado (+45%), moluscos congelados (+43%), preparaciones y conservas (+27%) y crustáceos congelados (+20%).
El mensaje fue rápidamente replicado por el presidente Javier Milei como una muestra del éxito del rumbo económico. Sin embargo, la celebración oficial contrasta con el diagnóstico que desde hace meses vienen realizando empresarios, trabajadores, cámaras y sindicatos de la actividad pesquera.
La paradoja que atraviesa hoy a la pesca Argentina es evidente: ingresan más dólares, se exportan más toneladas y algunos indicadores muestran crecimiento, pero gran parte de la flota asegura que los números no cierran.
Durante los últimos meses, cámaras empresarias de distintos segmentos reclamaron la eliminación de retenciones, una reducción de la carga fiscal y medidas urgentes para recuperar competitividad frente al incremento de costos operativos y el atraso cambiario. Según advierten, la combinación de combustibles caros, impuestos, costos laborales dolarizados y precios internacionales fluctuantes ha deteriorado seriamente la rentabilidad de muchas empresas.
Incluso en Mar del Plata, principal puerto pesquero del país, los reclamos derivaron en movilizaciones gremiales, mesas de crisis y advertencias sobre el impacto que la situación puede tener sobre miles de puestos de trabajo vinculados directa e indirectamente a la actividad.
La pesca es una de las pocas actividades capaces de generar divisas genuinas sin necesidad de subsidios millonarios ni complejos esquemas de promoción. Sin embargo, referentes del sector vienen señalando que la actividad no ocupa un lugar prioritario dentro de las políticas productivas del Gobierno Nacional.
Mientras el Ministerio de Economía destaca los resultados exportadores, los armadores reclaman medidas concretas para sostener la operatoria de los buques. La situación es particularmente delicada para parte de la flota fresquera, donde los márgenes se reducen cada vez más y algunas empresas advierten sobre la posibilidad de reducir actividad o mantener embarcaciones amarradas ante la falta de rentabilidad.
La contradicción resulta evidente para muchos actores del sector: el Gobierno celebra los dólares que aporta la pesca, pero hasta el momento no ha impulsado un plan integral para fortalecer una industria que sostiene economías regionales enteras en ciudades como Mar del Plata, Puerto Madryn, Rawson, Comodoro Rivadavia o Puerto Deseado.
Los números del comercio exterior muestran que la pesca argentina mantiene una fuerte capacidad exportadora. De hecho, 2025 cerró como uno de los mejores años de la historia en materia de exportaciones pesqueras y 2026 comenzó con indicadores positivos impulsados principalmente por el calamar y el langostino.
Sin embargo, para empresarios y trabajadores, el éxito de una actividad no puede medirse únicamente por la cantidad de dólares que ingresan al país. La sustentabilidad económica de las empresas, la preservación del empleo, la renovación de la flota, la infraestructura portuaria y la competitividad internacional siguen siendo asignaturas pendientes.
Caputo celebró una cifra récord. Nadie discute la importancia de los USD 867 millones exportados. Lo que el sector cuestiona es que, mientras esos dólares engrosan las estadísticas oficiales, las demandas históricas de una de las principales economías productivas del litoral marítimo continúan sin respuestas.
Porque detrás de cada tonelada exportada hay barcos, plantas, estibadores, marineros y miles de familias que siguen esperando que el Gobierno mire al mar con la misma atención con la que celebra sus resultados.