Crisis en la pesca: el combustible golpea a la flota y el congelamiento parcial de precios no alcanza

La industria pesquera argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados en años. El fuerte incremento del precio del combustible —principal insumo de la actividad— puso en jaque la operatoria de buques costeros, fresqueros y de altura, mientras que la reciente decisión de YPF de mantener estables los precios por 45 días no logra revertir el deterioro acumulado en la ecuación económica del sector.


jueves, 2 abril de 2026

Un alivio limitado en medio de la tormenta

El anuncio del presidente de YPF, Horacio Marín, de aplicar un “buffer” para sostener los precios de los combustibles durante 45 días fue interpretado como una medida transitoria frente a la volatilidad internacional del petróleo, marcada por tensiones geopolíticas en Medio Oriente.

Sin embargo, la decisión no implica una baja en los valores vigentes, sino apenas un freno temporal a nuevas subas vinculadas al precio del crudo. Además, la propia petrolera aclaró que variables como impuestos o tipo de cambio podrían seguir impactando en el surtidor. En otras palabras: el precio récord alcanzado en las últimas semanas quedó firme.

Combustible récord y actividad paralizada

En ese contexto, armadores de la flota pesquera reunidos en el puerto de Mar del Plata advirtieron que la situación es “insostenible”. Según detallaron, el litro de gasoil superó los $2400, un nivel que torna inviable salir a pescar.

“Hoy no hay precio ni financiamiento para el combustible”, sintetizó el referente del sector, Sebastián Agliano, al describir un escenario en el que numerosas embarcaciones evalúan suspender operaciones.

El impacto ya es visible: la flota fresquera local —compuesta por más de 135 buques y unas 95 empresas, en su mayoría PyMEs familiares— enfrenta una caída abrupta en su actividad. Los desembarques del variado costero registraron una merma del 39% en lo que va del año, con caídas aún más pronunciadas en especies clave como la corvina (-41%) y el pez palo (-45%).

La ecuación económica se volvió crítica. “Cargo 1600 cajones y necesito 1550 para pagar el combustible. Nunca nos pasó”, graficó un armador, reflejando el nivel de desbalance operativo.

Emergencia sectorial y riesgo laboral

El reclamo no es aislado. Intercámaras —que agrupa a distintas entidades empresarias del sector— formalizó un pedido de intervención urgente ante el Gobierno nacional. Según señalaron, el gasoil representa entre el 20% y el 45% de los costos operativos de un buque, por lo que los aumentos acumulados superiores al 40% en lo que va de 2026 tienen un efecto “devastador”.

A este factor se suma la carga impositiva —con el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el tributo al CO₂— y un contexto internacional adverso: suba de fletes, menor demanda en Europa y creciente incertidumbre en los mercados.

“El incremento del gasoil es el tiro de gracia para la flota costera y fresquera”, advirtieron desde el sector, que ya venía operando al límite de la rentabilidad.

Las consecuencias trascienden a los armadores: la parálisis de la actividad impacta en plantas procesadoras, servicios portuarios y miles de puestos de trabajo en todo el litoral marítimo.

Reclamos y propuestas

Frente a este panorama, los empresarios pesqueros insisten en la necesidad de medidas urgentes para sostener la actividad. Entre los principales pedidos se destacan:

  • Un precio diferencial del gasoil para uso productivo
  • Reducción o exención temporal de impuestos al combustible
  • Financiamiento para capital de trabajo
  • Suspensión de derechos de extracción
  • Creación de una mesa federal con capacidad de decisión

Además, desde el sector remarcan la desventaja competitiva frente a países como España y Francia, donde los gobiernos ya implementaron esquemas de asistencia para amortiguar el impacto de la crisis energética.

Un futuro incierto

Mientras el congelamiento parcial de precios dispuesto por YPF busca contener el impacto en el corto plazo, en la pesca advierten que la medida llega tarde y es insuficiente para revertir el daño ya causado.

Con barcos que comienzan a quedar amarrados y empresas familiares al borde del cierre, la industria enfrenta una encrucijada: sin una intervención más profunda, el costo del combustible amenaza con paralizar uno de los sectores productivos clave de la economía marítima argentina.

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